Translate

julio 12, 2011

El tiempo mueve montañas...

El tiempo mueve montañas…



El otro día me preguntaba, ¿por qué apareciste en mi vida?

Todo transcurría bien, era simple y casi perfecto… excepto por ese cúmulo de peros que siempre vienen al final de la oración.

No lo noté, y tampoco me asusté, hasta el momento de quererte tener cerca y sin saber el cómo, cuándo ni por qué.

Caí en cuenta que eso era una aberración en mi pensamiento.

Seguí preguntándome, ¿por qué apareciste en mi vida?

Claro, las cosas se pusieron turbias y lo que me apetecía de ti, lo había hurtado silenciosamente.

Entonces ya no había obsesión, dedicaba mi día en alguien más. No hubo cariño, ya que no podía admirarte, y menos amor, esas cosas que solo se comparten con tu ‘top ten’ de personas importantes en la vida.

Pero.
Me seguía preguntando, ¿por qué apareciste en mi vida?

Esa noche hablé con mis dos mejores amigos, el licor y algo invisible pero tangente a quien se le conoce como Dios.

Los invite al porche, y durante dos largas y lindas horas de charla, entre los dilemas que lo agobiaban a él, y mis dilemas mortales… surgió nuevamente esta pregunta.

¿Por qué apareciste en mi vida?

Mi amigo Dios, guardó silencio, sólo un momento, y me confesó…

, pequeña niña, que anhelabas sentir que podías volver a amar. , pequeña, quien deseaba olvidar. , quien me pidió alguien de quien aprender, y que te encaminara por tus deseos. , linda creatura, eres quien tiene la respuesta.”

Sí, por supuesto, mi amigo licor, me había nublado la vista, y en silencio se mofaba de mis pensamientos vanos.

Supongo que sí aprendí, contesté, supongo también que lo pedí, pero ¿él aprendió de mí?

¿Le mostraste lo que debía ver? Lo que debía sentir, tener, decir.
Acaso, ¿él pidió encontrarse conmigo?
Y si no lo hizo, ¿tendría que volverlo a ver?

Dios me sonrió, y dijo.
“Eres impaciente. Tal vez debas dejar de serlo. Por algo te lo envié, por algo lo acogiste. Analiza quien huyó.”

Esa noche se respondió esa pregunta…

El domingo pasado, me surgieron otras...

¿Quién es esta persona?
¿Por qué me la mandas?
 ¿Y si la lastimo?
 ¿Y si me lastima?
 ¿Por qué sabe lo que me gusta?
 ¿Qué tiene que me encanta…?

Hoy intenté platicar con mi amigo Dios…

“El tiempo mueve montañas…” eso me contestó.


-kdr


No hay comentarios:

Publicar un comentario