Aquella razón…
La soledad de sus palabras recayó sobre la honda y profunda
esperanza de su ser.
Cada gota de melancolía emanaba rayos de piedad y en las
aras de la fecundidad se postró ante sus pies.
De manera sublime se deshizo de su ropaje, miró hacia la
ventana y de manera ambigua, logró ver como el mundo se fundía con ella, en el
son del saber.
La vida le llamaba y ella nada podía hacer, sólo sus
recuerdos se embriagaban con el dolor y la pesadez.
Sus heridas no podían sanar, ya que cada vez se volvían más
profundas por el paso del tiempo, quién no hacia nada por dejar curar.
Sus palabras eran como vasos con agua, tan sencillos y poco
profanos, que se veían frente la amarga situación de dejar de ser.
Pero no siempre fue así, una vez ella fue feliz. Una vez
ella amó. Y nadie pudo negarlo.
Pero el tiempo sigue transcurriendo y esta pequeña, aún no
entiende el significado de la vida, y los recuerdos le juegan bárbaras trampas
que la envuelven en esta soledad.
Madurez, en su cuerpo espera tener y no es de otra manera
más que dolor, dolor, tan sólo dolor…
Las palabras circunnavegan el mundo, y lo hicieron por miles
de tiempos venideros, cuando los humanos dejaron de ver lo visible y entendieron
los pecados del mundo…
Sólo entonces ella fue completamente feliz… sólo entonces
fue amada…
Fue fácil decir que las circunstancias yacían en el mundo,
pero en realidad, ya no se tenía nada por qué llorar. Nadie por quién desear…
Sólo su producto de mortalidad era lo que aquellos congéneres
deseaban, y lo que obtuvieron… Entonces sus sueños murieron…
-kdr
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