Nuestro Tiempo
Te cortan los versos, te cortan la ausencia, te cortan las
caricias. Preguntas y olvidas. Desvaneces.
¿A qué juegas, dulce reina efímera?
Con tu dulzón primaveral, con tu calor romántico…
¿A qué juegas, pequeña niña?
La vida pasaba y yo, en un mar de angustia, viví encausando
todos aquellos pensamientos, puros y profanos, que emanaban en mi mente. Hacían
pausa, se estremecían... Silencio. Siempre, en algún momento, silencio...
Tu danza sofisticada de ropas y cabellos, estos que brillan
con la luz solar y no aquellos que yacen en la oscuridad. Esto y no eso, fue lo
que me llamó a ti. De tus pensamientos, de tus aptitudes. Grata mi sorpresa,
tenías defectos. Defectos tan puros y enérgicos, que me adulaban a cada
momento.
Tu voz, tu hilarante y perfumada voz, tan especial y
soberbia. Exacta. Remueve de mi conciencia todo aquello que emanaba lastimeramente,
putrefacto y seco. Volvió me frágil, a esta, tu merced…
Ahora te veo, ¿el tiempo…? El tiempo sólo embustero, miente,
corroe, rompe. No, este tiempo, no. Es permanente. Sin gritos y ¡oh, estos, en
verdad que estos silencios!
Sí, nuestro tiempo es preciso y también, sin
menosprecio al instante, precioso.
-
-kdr
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