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junio 25, 2011

La Pequeña -3-

La Pequeña -3-


Continuó su camino de una forma apresurada y grotesca, perdiendo toda femineidad que consigo llevaba, atrayendo consigo misma el misticismo de la existencia del dolor. Caminamos hasta el medio día, estaba tan concentrado en sus movimientos, en mis pensamientos y en su manipulación, que ese día ignoré por completo, que no habíamos visto a nadie en ese camino.

A nuestro lado izquierdo se encontraba un lago, oscuro, sucio, denso y la luz del sol se reflejaba de manera armónica, haciendo que la pesadez de este se cancelara por completo. Algo en mí cambio, al grado de hacérseme indigestible la percepción de este día.

Sus andares, me atormentaban lentamente en un charco de inseguridad e insensatez. Se detuvo a beber agua, y en sus manos se convirtió en una esperanza pasajera de penas y placeres. Se desnudó de sus ropas, mostrando cada pedazo angelical de piel, tentándome nuevamente a poseerla y comenzó lentamente a bañarse. Me expresó sin delicadeza alguna, sus banales ideas.

-¿Sabes acaso la importancia del agua? Es tan pura, tan perfecta, tan seductora, pero en el momento en el que llega el hombre, la consume, la posee, y la utiliza dejándola en su completa miseria. ¿Entiendes acaso como el aire revitaliza la naturaleza?
-No, disculpa pero no lo entiendo. Entre tú y yo no hay nada, compréndelo. Lo que pasó, fue por provocación, morbo, éxtasis.

Sus ojos no mostraron expresión alguna, ni siquiera asombro. Volteó a ver al sol y me provocó curiosidad. El tiempo había pasado extremadamente rápido. El atardecer anaranjado, mostraba ciertos tonos rojizos, y la noche veloz y sagazmente provocaba el frescor en el viento.

-Eso lo comprendí desde el momento en que te vi. Necesitaba aprender a jugar, a sentir. Dejarme llevar por la euforia de la vida.

Con sinceridad, me sentí utilizado, desgarrado, y pisoteado. Sabía lo que quería y me lo dio, hizo lo que pedí, sin la menor resistencia y era para su propia satisfacción. No entiendo que me sorprendió más, si el saber que yo fui un objeto de deseo y saciedad, o saber que la noche se aproximaba velozmente. Mis ojos demostraron intriga. Sí, ella era una perfecta manipuladora, a pesar de su pequeña, corta y complicada edad.

Continuamos hasta adentrarnos en el bosque nuevamente. Buscando un poco de comida, y un refugio pero tuvimos la graciosa suerte de encontrarnos con absolutamente nada. La pesadez de su cuerpo se abalanzó contra el mío, y la necesidad de sueño me volvió a vencer. Mis pesadillas se hicieron presentes, esos sueños tormentosos, carentes de sentido, excesivos y contrariando mis capacidades cognitivas.

Volví a despertara media noche, pero la luna había desaparecido, y no podía distinguir a la niña. Su pequeño cuerpo tierno, ese bulto en la oscuridad, se absentó de mi vista. Aun sentía un poco de calor en su lugar, así que sin mayores prejuicios me dirigí al lago.

De nuevo. Ese lobo parecía obstinado, su mirada fija ahora en mí, y mis latidos excediéndose en magnitud. El dolor en mi pecho se convirtió en una presencia insistente. El lobo se acercó hacia mí y comenzó a olfatearme. ¿Por qué esta vez no me ignoraba? Su respiración producía un olor pestilente. A lo lejos el salpicar de agua se hizo presente. El pequeño cánido aulló precipitadamente y se internó en el bosque. Distinguí a ‘La pequeña’, sentada a la orilla del lago, meciendo sus cabellos al paso del viento.

El dolor en mi pecho fue insoportable, la vista se me nubló completamente y caí en la pequeña porción de tierra que mi cuerpo pudo abarcar. Produje un sonido temeroso, y entre lagrimas y lamentos, la vi acercárseme. El balanceo de sus pechos y la proximidad de su desnudez me dejaron helado.

-¡Al fin, todo estará hecho!



-kdr

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