El Vagabundo
Él se desplazó… Movió sutilmente sus brazos con el viento y
se alejó sin ver lo que a su alrededor había. La mirada fría de ese vagabundo
se perdía en los detalles de sus tesoros… Un único y anhelado tesoro… Callado,
vigilaba eternamente su resplandor, con la esperanza de que el brillo emanado
por sus ojos no se fuera a marchitar. El tiempo se congelaba, como se congelan
las rosas de un verano. Suspiró fuertemente, con esperanza de que ella notara
su dolor, su impaciencia. Pero ella no lo hizo, fue su dolor lo que la mantenía
consternada… Ansioso, envolvió sus ropas en impacientes revolturas, aún con
esperanza. Se aproximó a ella… Sus pasos eran tan débiles que apenas rozaban el
suelo, ella le sostuvo la mirada con esperanza de entenderlo; él con esperanza
de ser entendido. Se detuvo a unos pasos de su pecho y la observó fijamente
durante varios segundos, sin pronunciar palabra alguna… Esperando que fuese ella,
quién diera el primer encuentro… Siempre había sido así. Comenzó a notar que
algo andaba mal, diferente y putrefacto. Con la tensión en aumento, se apartó
de su frente desanimado, sin despedirse ni saludarse… La dejó ahí, sola, con el
frío de su mirada, con la esperanza en los labios y dolor líquido en los ojos…
El vagabundo se retiró de la avenida, lentamente y cruzado de brazos, su cara
chocaba con el viento impredecible manteniendo la esperanza. Se preguntó si
podría perderla. Si tenía alguna oportunidad con ella… Se contestó con un sí… Mas
continuó su andar por alguna calleja en alguna ciudad… Sólo fue un vagabundo
que se desplazó en el frío invierno de Navidad…
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