La agonía del eco
El eco de la casa vacía era tan fascinante
que se perdía en su extensa profundidad.
Cada paso era un éxtasis inigualable. Cada tono era una nube recalcando su adicción.
Cada paso era un éxtasis inigualable. Cada tono era una nube recalcando su adicción.
Pasaron horas y la inmensidad aún
no era amenazada.
Los días se dejaron ver, en su apocalíptico desenlace inducido por la experiencia.
Los días se dejaron ver, en su apocalíptico desenlace inducido por la experiencia.
Con ello los meses, los años y
los lustros se acumularon en versión de terna.
Ahí se veía la silueta de los sentimientos, pero el eco aún seguía fortaleciéndose, sin aproximarse a la agonía.
Ahí se veía la silueta de los sentimientos, pero el eco aún seguía fortaleciéndose, sin aproximarse a la agonía.
Se acumuló todo en un par de décadas,
y el eco ahí seguía, latente con en el inicio del tiempo…
Los pensamientos eran enjambres multiplicados
por mil, gracias al imparable eco.
Y entonces, el silencio quebrase por el llanto del pequeño e intrigante amor.
Y entonces, el silencio quebrase por el llanto del pequeño e intrigante amor.
El eco comenzaba a apoderarse de
su miedo, y la locura lograba resonar airosamente en la completa vanidad de la
recién casa.
Con esto, llegaron silbidos de
varios brazos, cargando cosas de madera, tela, algodón, lana y uno que otro
dolor de entrepierna.
Uno a uno abriéronse entre las
brisas del eco, mientras este lloraba a desesperanza plena.
Al final de esta melodía, llegó
el fin del eco.
Entusiasmado en los eones de la
eternidad, no previó en lo más colmado de su existir, su propio porvenir. Los
sentimientos se hicieron presentes, los pensamientos se consumaron en grandes
hechos que fueron logrando la agonía del eco.
-kdr
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